LSD como tratamiento terapéutico
LSD como tratamiento terapéutico
Como droga de elección contracultural, el
ahora infame uso experimental de LSD durante la década de 1960 provocó un
pánico moral sobre sus efectos en los individuos y en la sociedad en su
conjunto. Hoy en día, los medios de comunicación continúan informando que el
LSD es una droga que vuelve a las personas peligrosas, psicóticas y, en algunos
casos, homicidas, lo que afianza aún más los temores del público al respecto.
A partir de la década de 1950 se
publicaron estudios que informaban sobre la posibilidad de usar LSD como
tratamiento terapéutico para diversas afecciones de salud mental. Pero tras la
criminalización estadounidense del LSD en 1966, la investigación clínica fue
abandonada y su potencial olvidado durante décadas.
Ensayos
de LSD
Si bien estamos viendo un progreso
positivo en la terapia asistida por LSD, la investigación sobre sus posibles
beneficios terapéuticos tiene un largo camino por recorrer antes de que podamos
comprender realmente su impacto en el cerebro.
Un estudio de 2016 realizado en Londres
demostró que el LSD tiene el potencial de cambiar los patrones de pensamiento
arraigados, y nuevamente señaló su potencial como tratamiento para la depresión
y la ansiedad. En este estudio, se
administró una dosis única de LSD a personas que no tenían un historial de
enfermedad mental, y descubrió que aumentó sus sentimientos de apertura,
optimismo y estado de ánimo durante aproximadamente dos semanas.
En contraste con las terapias existentes
para la depresión y algunas otras condiciones de salud mental, que pueden
tardar años en generar cambios, los resultados de la terapia asistida por LSD
parecen manifestarse con bastante rapidez.
Una pregunta que permanece es la
frecuencia con la que se debe volver a visitar la terapia para mantener el
progreso de un individuo.18 Por lo tanto, también se desconoce la viabilidad de
esta como tratamiento para las personas que viven con otras afecciones de salud
mental.
Lo
que está claro es que el LSD ofrece una visión fascinante del funcionamiento de
la mente humana y que debemos mirar más allá de los titulares a menudo
sensacionalistas cuando haciendo una valoración de cualquier fármaco.
Sin embargo, el LSD sigue siendo uno de
los agentes más estigmatizados y legalmente restringidos entre las sustancias
psicoactivas. Hace algunas décadas, se publicaron informes anecdóticos de actos
suicidas en usuarios recreativos y los medios de comunicación los enfatizaron
intensamente. algunos estudios poblacionales recientes, que muestran
asociaciones significativas entre el uso de una sola dosis de alucinógenos
clásicos y una disminución en la probabilidad de angustia psicológica y
suicidio.
Otros estudios recientes también
establecieron un vínculo claro entre el uso a lo largo de la vida de
alucinógenos clásicos y una menor probabilidad de desarrollar problemas
mentales, así como una asociación positiva, aunque no significativa, con
respecto a varias variables relacionadas con la salud mental. Sin embargo, la
imprevisibilidad de la conducta del sujeto hace necesario controlar
adecuadamente el entorno y monitorear la reacción de cada individuo.
EL PROCESO TERAPÉUTICO
La terapia asistida por psicodélicos
generalmente implica una "terapia de conversación" junto con la
ingestión de un psicodélico clásico como la psilocibina, el LSD o la ayahuasca.
Los investigadores y los médicos a menudo describen tres fases distintas de la
terapia:
·
Preparación, la aguda experiencia psicodélica
·
Integración
·
Los elementos no psicodélicos de este enfoque
son esenciales tanto para la eficacia como para la seguridad
El terapeuta preparará al paciente para la
sesión psicodélica de varias maneras, con un énfasis particular en la
curiosidad y en las formas de permanecer abierto a experiencias desafiantes
("Si ves una puerta, atraviesa"; "Si te encuentras con algo
aterrador, camina hacia él y pregunta, '¿qué tienes que enseñarme?’”).
Se han propuesto varias teorías para
explicar por qué las terapias asistidas por psicodélicos pueden ser
clínicamente efectivas. Sin embargo, muchas de estas teorías no son
clínicamente útiles y ninguna de ellas ha sido probada directamente.
Es esencial realizar más investigaciones
sobre los "mecanismos terapéuticos" de este enfoque para: optimizar
los aspectos efectivos al tiempo que se reducen los aspectos no útiles de la
terapia; comprender por qué algunas personas no responden clínicamente;
determinar qué funciona mejor para diferentes problemas clínicos; y así.
Bibliografía:
Casado
Morales, M. I. (2002). Ansiedad, stress y trastornos psicofisiológicos
(Doctoral dissertation, Universidad Complutense de Madrid, Servicio de
Publicaciones).
López,
A. B. (1998). Trastorno de ansiedad generalizada. Recuperado de
http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/357/1/116.pdf.
González,
M., Ibáñez, I., & Cubas, R. (2006). Variables de proceso en la
determinación de la ansiedad generalizada y su generalización a otras medidas
de ansiedad y depresión. International journal of clinical and health
psychology, 6(1), 23-39.
El LSD de forma terapéutica, tiene una gran utilidad y puede ser una ayuda de la sociedad.
ResponderEliminarconsidero que las terapias ya sean a nivel cognitivo o conductual se deben de ajustar a la descripción y clasificación del trastorno o malestar que padezca una persona y al contexto en el que este surja, para tomar las precauciones del caso y evitar futuros inconvenientes.
ResponderEliminarInteresante aportación, desconocía el uso del LSD como terapia para diferentes afecciones de la salud mental y la administración en personas sanas. Pienso que deberían seguirse haciendo estudios respecto al tema con el fin de que se desestigmatice el uso de esta droga o por el contrario se concluya en que uso no es recomendable.
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